Liderazgo ¿atributo o vínculo?

Cuando decimos que una persona es líder, generalmente es porque le atribuimos ciertos atributos. Entre otras cualidades, es alguien con visión y carácter; es competente e inspira. Sin embargo, la persona líder, más que destacar por ciertas características, está en ese lugar de liderazgo gracias a la relaciónque crea con aquellos a quienes impacta. Una relación que incide en las emociones, el comportamiento y hasta el estado físico de las personas en su entorno.

El liderazgo es una relación, un vínculo de cuando menos dos personas, donde una de ellas tiene capacidad de influir (positiva o negativamente) en la otra. Para liderar no se necesita una credencial particular. Lo necesario es que alguien sienta la suficiente confianza para colocar a otro en ese lugar, de liderazgo.

El liderazgo puede imponerse por el miedo, la intimidación o la fuerza; pero sabemos que el más efectivo y perdurable no es el que se impone, sino el que se gesta naturalmente porque inspira, crea confianza y genera seguridad. 

Así las cosas, ¿qué puede hacer alguien para ser buen líder? Lo primero es conocer sus fortalezas y debilidades. Mantener constantemente una autopercepción crítica sobre su estado mental y emocional. Si se me ha encomendado el rol de líder, y como persona me siento mal, frustrada, cansada y estresada; entonces eso es exactamente lo que voy a irradiar a mi alrededor. Si, por el contrario, me preocupo por estar bien, conozco la fuente de mi estrés y busco la forma de manejarlo para poder ser una persona feliz, entonces, de una manera instantánea comienzo a generar eso mismo alrededor. 

Lo segundo es preguntarse “¿Cuál es el impacto que quiero tener en quienes me rodean?” Esa es la pregunta ética más importante que puede formularse alguien que lidera, sea una madre o un padre, docente, gerente empresarial o líder en la política. Pues ciertamente el impacto va a ser real e inevitable, pero la calidad de ese impacto (bueno o malo) sí depende de la intención del líder. 

El ejemplo de los líderes también es muy poderoso. Su conducta y valores pueden apuntar a la solidaridad, la sostenibilidad y el amor, o pueden fomentar la discriminación, la segregación y el odio. Los líderes positivos son quienes tienen capacidad de escuchar y crear diálogo a su alrededor, para promover y sostener vínculos positivos en sus relaciones de liderazgo.

De esto depende el cambio que tanto necesitamos para poder vivir en sociedades que se desarrollen de manera más equitativa y justa, donde todos tengan oportunidad de establecer relaciones de liderazgo positivo, en un lugar y otro, cuando llegue el momento. 

Sol Echeverria