El riesgo vive en la grieta
El riesgo rara vez está en el centro de las responsabilidades, donde alguien vigila. Está en los bordes, donde cada uno supone que vigila el otro.
De eso escribí esta semana en La República: por qué el mayor riesgo financiero, en una empresa o en una casa, vive en la grieta que dejan las responsabilidades divididas. Y por qué ahí el ahorro suele ser la primera víctima.
Bajar la guardia, no la voz
Hablamos muchísimo de inteligencia artificial, pero en el día a día de muchas empresas se mueve poco. ¿Por qué? Mi hipótesis es que lo que frena no es la tecnología, es algo más humano: el miedo a no saber, a exponerse a lo desconocido. Y el miedo, muchas veces, hasta es sano. El problema no es que exista, sino que —callado— nos impide tener las conversaciones importantes.
La cultura se come al presupuesto
Se dice que la cultura se desayuna a la estrategia. También se desayuna al presupuesto, y con más ganas. Porque donde una organización pone su dinero, ahí está lo que de verdad valora. No en lo que declara: en lo que gasta.
Competir mejor es colaborar mejor
¿Por qué cuesta tanto colaborar, si todos decimos que la valoramos?
En mi nueva columna cuento por qué la colaboración no es lo contrario de competir: es la forma de competir bien. Adentro de las empresas y entre ellas. Y por qué en un país pequeño como el nuestro, donde todos nos conocemos, la confianza puede ser nuestra mayor ventaja competitiva… si decidimos construirla a propósito.
Dinero, miedo y tiempo
Creemos que las decisiones sobre dinero se toman con una hoja de cálculo. La verdad es más incómoda: la hoja de cálculo suele llegar después, a ponerle números y razones a una decisión que ya tomaron, en silencio, tres fuerzas más antiguas que cualquier modelo financiero: el miedo a perder, nuestra relación con el tiempo, y el deseo de algo que el dinero promete pero no es. No es un defecto que haya que corregir. Es la arquitectura emocional de toda decisión económica; y conviene conocerla, porque lo que no se nombra, decide igual, solo que a oscuras.
La capacidad se construye colaborando
La tecnología no crea por sí sola la voluntad de colaborar; amplifica la cultura que encuentra. Aplicada sobre una cultura de “sí, yo respondo”, multiplica lo que esa cultura es capaz de lograr. Por eso la conversación técnica no reemplaza la conversación humana: la vuelve más valiosa. Y la buena noticia es que esa cultura se puede cultivar, y que hoy contamos con más y mejores herramientas que nunca para acompañarla.
El dinero obedece al poder
Cuando algo ocurre en la economía, casi siempre hacemos las mismas preguntas. ¿Fue una decisión racional? ¿Cuadran los números? ¿Quién acertó y quién se equivocó? Pero hay una pregunta que rara vez aparece, y que con frecuencia explica más que todas las demás juntas: ¿quién tenía el poder de fijar las condiciones? El poder es el texto invisible que se escribe debajo de cada cifra. Y aprender a leerlo cambia por completo la forma en que entendemos el dinero: el de los mercados, el de las empresas y el nuestro.
El cuaderno con espacios en blanco
Lo que está en juego no es solo la productividad. Es algo más difícil de medir y más fácil de perder: el pensamiento crítico, la valentía de sostener una idea propia y una palabra que casi no aparece en estos debates, la satisfacción. La satisfacción honda de haber sido uno quien resolvió, quien se equivocó, quien volvió a intentarlo. Ningún sistema puede sentir eso por nosotros y, sin embargo, podemos ir cediéndolo por comodidad sin darnos cuenta.
Por qué el mejor analista también se equivoca
He estado en salas de directorio donde se presenta una línea de negocio que ha funcionado bien durante años, y empiezan a aparecer las primeras señales de que algo cambió: una caída leve en un indicador, una alerta de un equipo técnico, una pregunta incómoda de alguien junior que nadie responde del todo. La reacción casi automática del grupo no es investigar la señal; es buscar la explicación que permita seguir exactamente igual. Nadie quiere ser quien detiene la conversación para decir “esperen, miremos esto con cuidado.” El costo de cuestionar el consenso se siente, en el momento, más alto que el costo de ignorar la señal.
Lo que la inteligencia artificial nos recuerda sobre comunicarnos bien
Vivimos un momento en que la inteligencia artificial dejó de ser un tema de laboratorio para convertirse en parte del día a día de millones de personas. Está en las empresas, en las aulas, en los hospitales, en los despachos de abogados y en los teléfonos de nuestros hijos. Esto genera, con razón, tanto entusiasmo como inquietud. Pero más allá del debate sobre sus riesgos y beneficios —debate necesario y que debe continuar— hay una pregunta más silenciosa que me parece igual de urgente: ¿estamos preparados para colaborar bien con esta tecnología? ¿Y qué significa, exactamente, "colaborar bien"?
Lo que sostiene los números
Toda empresa tiene dos balances. Uno lo prepara el contador, lo revisan los auditores y lo leen los bancos. Registra activos, pasivos, utilidades y pérdidas con una precisión que es, en sí misma, un logro civilizatorio: poner en números la actividad humana para tomar mejores decisiones. El otro balance no aparece en ningún informe, pero coexiste con el primero, lo alimenta y, en los momentos decisivos, lo sostiene.
La inteligencia artificial no es un problema tecnológico
La pregunta que tenemos por delante no es qué puede hacer la inteligencia artificial. Es qué queremos hacer nosotros con ella. Qué tipo de organizaciones y países queremos construir. Qué tipo de líderes necesitamos ser. Cómo aprovechamos este espejo — incómodo, necesario, fascinante — para ser más precisos sobre lo que realmente somos capaces de aportar como seres humanos.
Crédito viene de creer
Crédito. Pocos saben que antes de ser un producto bancario, antes de ser una tasa de interés o un contrato, crédito era simplemente una forma de decir: te creo. Del latín credere: creer, confiar, encomendar. Durante siglos, prestar dinero fue literalmente un acto de fe entre personas. Los números vinieron después.
El crédito más poderoso que puede tener una empresa no está en su balance.
¿Gestionar o construir? Lo que el futuro del trabajo le exige al liderazgo
Hay una narrativa dominante sobre la IA y el trabajo que me parece incompleta: la del reemplazo. Como si el problema central fuera cuántos puestos va a eliminar un algoritmo. Pero lo que estoy viendo en las organizaciones es algo distinto. La IA no está reemplazando trabajos. Está reemplazando la comodidad de creer que sabíamos qué es el trabajo, para qué existe, qué valor humano aporta.
Esa pregunta —¿cuál es el valor humano que queda?— no es técnica. Es existencial. Y le corresponde responderla a todos los líderes, no sólo a los ingenieros.
El dinero es confianza inscrita
Las decisiones económicas no son puramente racionales. Lo sabemos, aunque rara vez lo decimos en voz alta en una sala de directorio. Nuestras decisiones financieras están moldeadas por las conversaciones que tenemos, las relaciones de confianza que nos motivan a actuar, y el estado emocional desde el que operamos.
Las 4 competencias para comunicarse bien (con la IA… y con cualquiera)
Hay un concepto que está ganando terreno en el mundo del trabajo y la educación: AI Fluency, o fluidez con la inteligencia artificial. No se trata solo de saber qué botones apretar, sino de desarrollar el criterio para colaborar bien con herramientas de IA en distintas situaciones. Cuando las leí por primera vez, algo me llamó la atención: estas competencias no son exclusivas de la interacción con máquinas. Son, en realidad, los pilares de cualquier buena comunicación.
Cómo hablar bien de vos mismo (sin sonar arrogante)
Todos tenemos múltiples talentos que nos distinguen y conforman nuestro potencial único; que se desarrollan constantemente, gracias a nuestra capacidad permanente de aprender. Están íntimamente relacionados con nuestras motivaciones, ese motor interior que despierta el deseo, la curiosidad y el interés de aprender y experimentar cosas afines a nuestros gustos.
Ante la inseguridad del empleo
Todos deberíamos intentar tener, además de un buen trabajo, un side business, como apuesta productiva, pero sobre todo como ejercicio de desarrollo personal. No son pocas las historias donde, a partir de una pequeña idea, compromiso y consistencia, grandes sueños se hicieron realidad.
Claves para seleccionar al mejor equipo: lecciones del fútbol
A quienes nos encanta el fútbol, podemos aprovechar para extraer valiosas lecciones de la planificación deportiva y aplicarlas a la gestión organizacional. Una de las más importantes es cómo seleccionar a los mejores talentos para construir equipos ganadores.
Claves para liderar el cambio hacia el cliente-centrismo
La transición de una organización producto-céntrica a una cliente-céntrica es un proceso complejo que requiere un cambio profundo en la mentalidad, cultura y operaciones de la empresa. Para liderar dicha transformación, es necesario inspirar un cambio de mentalidad en el grupo, rediseñar las formas tradicionales de trabajar, incorporar tecnologías críticas y hacer de la comunicación una herramienta clave para el cambio.